viernes, 20 de noviembre de 2009

walk over

Me fui de viaje y ya no tuve tiempo de escribir nada, además de que la hora de internet en mi hotel costaba 9 reales, 18 soles, en Perú la hora de internet solo cuesta un sol, y siempre escribía desde mi casa.
Luego que regresé de viaje tuve muchos trabajos pendientes. Y hasta ahora no tengo tiempo para sentarme a escribir nada que valga la pena de ser leído.
Sumo así, sin pena ni gloria un fracaso más en mi lista de ilusiones perdidas. Gracias por haber perdido el tiempo conmigo.
:)

domingo, 25 de octubre de 2009

coincidencia

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Son las dos y cuarto de la madrugada, escribo porque no puedo dormir. No tengo acceso a internet desde donde estoy, laconexión está muy inestable.
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Supongo que no puedo dormir porque mañana me esperan muchos problemas por solucionar.
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Por primera vez he viajado en avión y sinceramente no me ha dado miedo ni nada, ni el aterrizaje ni la turbulencia ni el despegue. Me ha gustado bastante viajar, el vuelo de lima a sao paulo lo pude disfrutar más, en cambio el vuelo de sau paolo a porto alegre no tanto porque me caía de sueño. Pero igual me pareció muy bonito pasearme un rato encima de las nubes.
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No les estaría contando esto si no fuera porque echado después de media noche en el hotel sin poder dormir viendo puros canales en portugués me quedé mirando un documental de discovery channel acerca del avión brasileño que desapareció en la selva de manaos.
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Según las investigaciones, el ala del avión que iba de brazilia a manaos rozó con la punta del ala de otro avión que venía en dirección contraria. Esta leve chocadita hizo que instantáneamente el ala del avión que iba a manaos se despedace y el avión dé un giro de noventa grados (o varios giros) y empiece a caer como un cohete despedazándose, derritiéndose en el aire debido a la velocidad. Lo que llegó a caer en la selva de manaos fueron solo algunos restos del fusilaje (o una palabra parecida que no recuerdo ahora, se nota que no hay google ni wikipedia, fuck)
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Esto nunca debió suceder. Uno de los aviones debió volar dos mil metros más arriba que el otro. Sin embargo un pequeñísimo error en el sistema ocasionó la tragedia.
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En conclusión, en menos de treinta segundos el avión desapareció. Y no fue un show de david copperfield. Recuerdo que cuando me enteré de la noticia hace varios meses, pensé que el avión se había metido a una dimensión desconocida y que pronto volvería a aparecer sano y salvo.
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Acerté en lo primero. Todo sucedió en un lugar de la selva brasileña al que llaman hueco negro, porque entre brazilia y manaos justo hay una parte adonde no llega las señales de ninguno. Donde se terminan las señales de brazilia, unos minutos después comienzan las de manaos. Las antenas súper modernas de última tecnología aún tienen un límite de distancia. Cómo solucionan este problemiña los controladores de tráfico aéreo. Muy fácil, se llaman por teléfono y uno le indica al otro que todo está yendo según lo planeado hasta que el avión en cuestión pasa esa zona, entonces cuelgan.
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Efectivamente, acerté solo en lo primero, por unos minutos el avión entró en una dimensión desconocida (por los radares) el problema es que nunca volvió ni volverá.
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Ahora que he visto las recreaciones tridimensionales, y que ya he viajado un par de veces no me parece tan chistosa la cosa.
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Uno, desde su pequeña ventanita observa un cielo hermoso, pero en realidad el tráfico aéreo es bien recargado y cada vez más y más. Habrá pensado el controlador aéreo que ese pequeño punto en su pantalla que no volvió a aparecer significaba cientos de personas hechas literalmente humo?
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La verdad es que tienen que cuidar cientos de pequeños puntos. Imagínense lo aburrido que debe ser, y sin embargo, la gran responsabilidad que eso conlleva.
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Nosotros desde abajo no nos damos cuenta de nada porque todo eso sucede encima de las nubes, mucho más arriba, entre los treinta y cinco mil y cincuenta mil metros de altura.

Un simple descuido ocasionó la muerte de toda esa gente, lo peor es que pudo evitarse porque el error en el sistema duró como una hora sin que nadie haga nada, en fin.
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No sé por qué no me da sueño, no sé por qué escribo esto que de seguro les está dando sueño a ustedes, no sé por qué tuve que ver discovery chanel, no sé por qué tuvieron que programar ese documental, no sé cuántas palabras con letra Ñ he escrito pero deben ser muchas porque bastantes veces he tenido que recurrir al código ALT+164 varias varias veces.
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Esto me recuerda que si viajas a algún país donde no se hable español, asegúrate de que ninguna de tus contraseñas contenga nuestra casi imperceptible y siempre olvidada letra ñ por la que tanto han luchado varias personas para que se incluya en los teclados de habla hispana, esa pequeñita letra que tanto usamos y no nos damos ni cuenta.
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En fin, tampoco crean que sé mucho portugués, la verdad es que las recreaciones tridimensionales estuvieron bien chéveres, tampoco piensen que ahora me dará miedo viajar en avión, es más, pienso que recién he descubierto mi verdadera vocación. Nefelibata en sentido literal.
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Ya son las cuatro y veintitrés de la mañana en novo hamburgo y ya regresó el internet, así que voy a abrir mi facebook.
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miércoles, 21 de octubre de 2009

honestidad

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Aquel muchacho me dio un sol cincuenta de vuelto cuando lo correcto era que solo me dé un sol. No voy a mentirles, en aquel segundo pensé en hacerme el loco y largarme, el problema es que dudé. Entonces se dio cuenta de su error, sonreí y le dije "no, me has dado demás" le devolví los cincuenta céntimos pero allí mismo me devolvió mis dos soles. Entonces volví a sonreír y le devolví "sus" dos soles, pidió disculpas y me agradeció que haya sido sincero.

"A esto hemos llegado" pensé, ¿a tener que agradecerle a la gente que nos trata con sinceridad? Estamos tan acostumbrados a que nos mientan o nos engañen que la honradez se ha vuelto una virtud, no es así, no es una virtud.

Sin embargo estamos acostumbrados a dudar, la desconfianza es la prudencia. Hoy fui al banco a cobrar un cheque por cuatro mil soles, me acompañó mi prima que es contadora "porque siempre es importante, no vaya a ser que te estafen" Agradecí con cariño que me considere tan ingenuo, en realidad sí lo soy, fuimos a la ventanilla y ella le dijo a la señorita que era la primera vez que yo cobraba un cheque, lo cual tampoco era cierto pero no importa, el caso es que no sabía y no recordaba dónde tenía que firmar y qué tenía que escribir.

En fin, recordé el sabio consejo de al pacino a keanu reeves, (que obviamente keanu nunca siguió) "que no te vean venir, que te subestimen, tienes que ser una sorpresa".
Entonces puse la cara más estúpida e ingenua que pude y con la vocecita más marica le dije "sí, es mi primera vez... que cobro un cheque."

Me hizo esperar bastante tiempo la flaca, súper desconfiada se fue de un lado a otro, luego de quince minutos de espera me trajo cuarenta billetes de cien soles. Ingenuamente empecé a revisarlos uno por uno, verificando que cambien de color la zona de seguridad. Hasta que oh sorpresa, había un billete roto, pero roto mal, recontra roto, casi partido en dos mitades. "¿y esto?" le dije "cámbiemelo" la flaca no dijo nada y al instante me sacó un billete nuevecito. "pendeja te crees" pensé.
Entonces me puse a revisar los cuarenta billetitos con más paciencia y tranquilidad y, oh sorpresa, había otro billetito roto, no tanto como el primero pero rotito, lo suficiente para que cualquier taxista me mande a rodar, "este también está roto" instantáneamente lo volvió a cambiar. "así que ya estabas esperando que lo encuentre" pensé.

Terminé de revisar que todos los billetes cambien de color y de contar que en realidad sean cuarenta, y entonces, y solo para joderle un poco la vida a esta pequeña estafadora en ciernes, comencé a contar de nuevo, esta vez revisando los bordes con más paciencia, con más tranquilidad y más desconfianza, para colmo esta sinvergüenza empezó a incomodarse.

¿Habrá pensado que yo estaba apurado?

Me demoré más y más y la flaca ya no sabía cómo deshacerse de mí. Tranquilamente separé los billetes en dos grupos de veinte, los doblé y los coloqué en mis bolsillos delanteros, luego guardé mi dni en mi billetera dentro del bolsillo de atrás.

Como no pienso ni me importa la venganza ni es mi deseo que esta entrada se convierta en una denuncia, no les diré que fue en el Banco de Crédito y que la flaca esta se llamaba Cinthia Paola.
Fuck!

Olvidé sus apellidos, qué ingenuo soy.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Libertad

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¿Cuál es la verdadera libertad? Me preguntó una amiga que leyó en mi perfil de blogger la región desde donde escribo. Casi al mismo tiempo vi en el muro de un amigo una frase que ya estaba olvidando: "Eso que uno nunca va a encontrar"

Demasiada coincidencia. Ambas frases son versos de una de las canciones que más me gustán de Calamaro (más de cien).

Fue una situación extraña, mientras intentaba explicarle a mi amiga aquella referencia sin citar la canción de pronto se me apareció por el lugar menos pensado. Así son las putas canciones de Calamaro, van y vienen y las encuentras de pronto en los nicks, muros o cualquier medio de expresión que tenga el amigo o la amiga menos pensad@. Y ahora se lo tenía que explicar a mi amiga, incluso contra el tiempo porque el internet en mi casa se cortó, para variar olvidaron pagar la cuenta, y estaba en unas cabinas y ya me quedaban cinco minutos para salir.

Años atrás solía tener largas discusiones con amigas y amigos acerca de la libertad, si existe o no existe o con qué se fuma o solo es algo que nos sirve cuando te conviene o hasta donde tus viejos o la billetera lo permitan. Felizmente ya olvidé todo eso.

Entonces le pasé el enlace de la canción. No sé si la escuchó ni si me entendió. Sin embargo me hizo recordar cuando recién llegué a Trujillo, después de terminar el colegio, me sentía más atrapado que nunca, más encarcelado que nunca, paradójicamente en una región llamada La Libertad. Entonces esa canción fue para mí un refugio recurrente. Por eso cuando en el perfil de blogger tenía que colocar la región de dónde escribo no podía ser otra, a barranquito solo lo llevo como un recuerdo en el corazón, ha cambiado tanto en estos ocho años que ya dejé de ser barranquino hace rato, pero tampoco me siento Trujillano.

A veces intentamos sobrevivir a la vida, pero no servimos para eso.

Ahora pienso que mucha libertad solo produce sufrimiento en las personas que realmente te quieren, es lo que me asusta de ser libre. O lo que es peor, conlleva una gran responsabilidad. Sin embargo, creo que todos buscamos lo mismo, pero no sabemos muy qué es ni dónde está.

La conocen los que la perdieron.



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déjà vu

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Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior, demasiadas cervezas...
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Después de varios minutos me he dado cuenta de que esta canción ya la enlacé pero con otro verso.
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martes, 13 de octubre de 2009

Lecturas

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Comparto con ustedes una de mis confesiones más extrañas, un testimonio de mi rara relación con los libros de mi vida y la vida de mis libros, varios pasaron, pocos quedaron, otros fueron buenos compañeros de viaje. Con ustedes un texto que escribí en Febrero influido aún por el día de la amistad y la Feria de Libro de Trujillo que acababa de terminar:




Ayer terminé de leer La guerra del fin del mundo, la cuarta novela de Mario Vargas Llosa. Y, aunque me dé vergüenza admitirlo, demoré casi dos meses en devorar sus 428 páginas. Nunca pensé que lo diría.

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Antes, (hace solo 5 años) -a veces cuando hablo de hace 5 años pareciera que hubieran pasado 20- en fin, cuando tenía 19 años aún leía varios libros al mes, más o menos avanzaba 100 páginas diarias y solo leía una o dos horas al día, nunca he seguido esos cursos de lectura veloz, más bien siempre he pensado de mí que leo muy torpemente y me empieza a doler la garganta porque sin darme cuenta voy repitiendo lo que leo como susurrando (me pasa también cuando escribo). Siempre me sentí bruto para leer, eso me empujaba a esforzarme más y buscar libros más difíciles.

No sé qué sucedió conmigo, recuerdo nítidamente que a los 19 aún leía 4 ó 5 libros a la vez y me alucinaba que en pocos años podría leer 10 libros en simultáneo. Nada más alejado de la realidad. Me es incluso vergonzoso recordar cuántos libros leí el año pasado porque no recuerdo ninguno en especial aparte de los tres libros que colaboré en la corrección ortográfica. Ahora se me viene a la cabeza Lima Freak, pero ese no cuenta como un libro de verdad, creo que también leí Rajes del oficio pero lo mismo, solo son entrevistas, no novelas, no literatura.

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Al día siguiente de la conferencia magistral de Mario Vargas Llosa me encuentro a mi profesor Luis Eduardo García cerca al cafetín de la Feria del Libro, se le ve alegre y risueño, se ve que a este hombre normalmente huraño la feria le cambia el semblante por completo, sus ojos brillaban como si acabara de hacer una travesura, “ya me la compré” me dijo, “¿qué cosa?”, “La guerra y la paz, pues. Nunca la había terminado de leer, esta vez sí la termino.”

Me sorprendió bastante, Luis Eduardo es un devorador nato de libros, siempre se ufana de haber leído todos o casi todos y a su leyenda personal puedo agregar que un joven Julio Villanueva Chang llegó a Trujillo hace años buscando la casa de este señor donde se decía que tenía una biblioteca con miles de libros. Y lo más enigmático era que se decía que los había leído todos.

“¿De verdad nunca lo habías leído?”, “No, weon ‘ta que ayer me dio roche” Me dijo con aquella confianza que a veces se le escapa.

Lo que había pasado ayer era que Vargas Llosa en su conferencia, (estaba siendo interrogado por un entrevistador ficticio que era él mismo haciéndose las preguntas) se había burlado de su entrevistador porque este confesó no haber leído La guerra y la paz y aconsejó a toda la audiencia que no había mejor libro para un verdadero lector que aquel libro de Tolstói.

Yo tampoco lo había leído, pero solo acerté a reírme de la ocurrencia del escribidor.

“Tienes que asumir retos, weon” siguió Luis Eduardo “A mí me gusta asumir retos” remató. Él es tal vez la única persona que siempre me dice casi reclamándome: “No dejes de leer, weon.” o cuando se pone más serio “Lee Aquiles, lee, no seas haragán, ya deja a las chibolas”.

Ni mi padre me da ya esos consejos, más bien mi papá me dice: “Trabaja, cojudo, trabaja” jajaja. O en su forma elegante de hablarme sin dirigirme la palabra directamente: “Uno solo debe leer hasta una edad prudente, hasta los 19 estuvo bien.”

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Hace años (6 nomás) me encontraba fascinado leyendo Conversación en la Catedral me pegaba horas leyéndolo y releyéndolo, y de pronto, descubrí a mi padre sumido en su depresión jugando solitario en su laptop (se encerraba horas de horas a jugar solitario o carta blanca). Me acerqué y le dije, “Viejo, estoy leyendo un libro bien bacán, un verdadero refresco para un cerebro inteligente como el tuyo, distráete con esto y deja de jugar ese juego repetitivo y obsoleto”. “¿Cómo se llama?” preguntó sin mirarme, con su mutismo acostumbrado. “Conversación en la Catedral” respondí con la alegría de quien se encuentra en la calle un billete de 100 soles. “Ahhhhh -respondió decepcionado- uno de un millonario homosexual y un militar corrupto, ya lo leí cuando tenía tu edad.” Y retornó a su hermetismo.

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Hasta hace unos años (solo un par) yo sí asumía retos profesor. Antes de conocerlo ya leía su columna dominical en La Industria y sabía que enseñabas un curso de Literatura y que habías impuesto como tarea que todos los alumnos leyeran El Quijote completito. Y lo leí en menos de cinco días. Tuve cientos de intentos fallidos antes, pero asumí ese reto. El día que fui a matricularme comencé a leer el segundo tomo de El Quijote pero justo me enteré de que habías dejado de enseñar literatura decepcionado por los alumnos que no quisieron leer ni un solo libro completo. Algún día terminaré de leer la segunda parte de El Quijote.

Tiempo después, había leído en un libro tuyo la admiración que tenías por Ernesto Sábato y te pregunté si aún tenías el libro Sobre héroes y tumbas. Me dijiste que sí, que ese era el libro que había marcado a tu generación, que se lo pasaban de mano en mano como poseídos. Y al día siguiente me lo prestaste y me confiaste que cuando tenías mi edad lo habías leído en 4 días.

Fascinado por esa pasión y por todos los años que había buscado sin suerte ese libro, empecé a leerlo en la cafetería de la universidad, se me acercó José Carlos Orrillo y me preguntó, “¿Estás leyendo sobre héroes y tumbas? Ta’que alucinante. Este libro es de Luis Eduardo, ¿no?” Lo tomó en sus manos y empezó a recorrer sus veteranas páginas con ojos de loco. “A mí también me lo prestó hace años, este libro es un tesoro.”

No sé si te acuerdas Luis Eduardo, a los tres días te lo devolví. Ya lo había leído y estaba aún sumergido en esa hermosa pesadilla. Para mí fue un reto. Solo quería demostrarte ingenuamente que podía leerlo más rápido que tú.

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Había leído El túnel a los 13 años en una sola noche y lo volví a releer a los 15, a los 17 a los 18 y así. Pero siempre quería leer Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador. Y saber cómo continúa la vida de Pablo Castel y qué sucede entre Martín y Alejandra.

Mi mejor amiga se llama Alejandra. Nos íbamos casi todas las noches a buscar ese libro en todas las librerías de Trujillo. Siempre sin suerte. Recuerdo que las vendedoras nos ofrecían las sagas de Harry Potter y nosotros como un par de locos les reclamábamos: ¡Ernesto Sábato! ¡No, ya leímos El Túnel mil veces! ¡Queremos leer el resto de la saga! “Uhmmmm, ¿no les interesaría comprarse El hobbit?”

Una noche inesperadamente encontramos Abaddón el exterminador, sabíamos que faltaba el libro intermedio pero no dudamos en comprarlo y guardarlo hasta que leyéramos el otro libro.

Un día, ya varios meses después, quizá un par de años -ya nunca había vuelto a ver a Alejandra- me aparecí en su casa y le dije que un profesor de mi universidad me había prestado Sobre héroes y tumbas y ya me lo había leído y ahora quería leer Abaddón, “Pásamelo para leerlo de una vez.” “¿Y dónde está el libro?” me preguntó ella, “Ya se lo devolví.” “¡Bahhhhh!, eres un huevo frito.” “Después se lo pido de nuevo, no te preocupes, ¿dónde tienes el Abaddón?”

Lo buscamos sin suerte esa tarde. Regresé a mi casa molesto con Alejandra por no haber guardado el libro, por no saber dónde lo tenía, sin darme cuenta de que tal vez ella estaba más enojada conmigo por no haberle pasado el otro libro que tanto habíamos buscado juntos.

No nos volvimos a ver en muchos meses.

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Cuando tenía 16 años leí fascinado los trópicos de cáncer y capricornio de Henry Miller, no entendía casi nada pero me decía a mí mismo que yo aún era muy bruto para entender ese tipo de literatura, que debía leerlos de todos modos, que eran libros superiores a todo lo que había leído antes, que en 10 años luego de haber devorado cientos de libros los volvería a leer y los entendería.

Una vez (supongo que tenía 17 años) llevé el trópico de capricornio de visita en casa de una amiga, empezó a leerlo y no me lo quiso devolver. En verdad, a ella no le gustaba leer, pero ese libro la fascinó. Creo que se lo regalé, nunca he vuelto a besar un par de pezones tan deliciosos como los de ella.

Intenté volver a leer los trópicos hace un año y medio, pero no llegué ni a la página 20.

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Siempre me gusta echarle la culpa a todo lo demás de mis desgracias. Me gusta pensar que si ya no leo es porque ahora trabajo, porque ahora tengo un hijo, porque ahora la universidad, porque ahora las mujeres, porque ahora el Internet, porque ahora mi cansancio, porque los libros originales están muy caros y mil ridículas excusas. Intentaré una vez más leer a Faulkner, nunca pude llegar ni a la mitad. Solo espero tener un poco de suerte.

Ya les contaré.




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lunes, 12 de octubre de 2009

nostalgias

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De noche los días son iguales, cantaba el viejo Calamaro cuando yo tenía 15 y la vida aún no se atrevía a comenzar. Es curioso, ya van a hacer diez años de aquellas madrugadas sin dormir, sin embargo, no me importa recordarlas. Agradezco más que todo la música que me tocó escuchar y lo libros en los que me sumergí.

Hay muchas otras madrugadas más interesantes que nunca olvidaré. Por más ebrio que me he puesto, lo puedo jurar, nunca olvidé nada al día siguiente. Aquellas conversaciones con los brothers, aquellas fiestas en casas de vecinos, primeras escapadas a las discos, mujeres, humo, locuras, payasadas y de pronto y sin que nadie lo invite: el amanecer. Y al medio día tirarse a dormir y despertar a las nueve creyendo que eran las tres con un hermoso dolor de cabeza y seguir en esto, ya saben, de abrir los ojos y tener que vérmelas con la resaca, y estar vivo y vivir atormentado en tiempos donde nadie escucha a nadie, donde todos contra todos. Grande Fito.



Siempre he tenido mala memoria para muchas cosas, algunas lagunas mentales me loquean desde que tengo 17 y arrastro a mi pesar una fama de perder todo lo que pase por mis manos (muchos celus, muchas llaves, documentos, billetes, papeles y quién sabe qué más, ya no recuerdo, ni hablemos de mujeres). Sin embargo, las canciones. ¿Todas son iguales?

No lo creo, pero las canciones tristes son las mejores, las otras son puro negocio. No hay mejor canción que aquella a la que siempre vuelves con nostalgia.

Disculpen que todos los enlaces los lleven a Calamaro, creo que es la hora, o tantos meses sin fumar o la tristeza, la bronca, la miseria de no saber decir te necesito.
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